jueves, 26 de mayo de 2011

Lo que no agradecemos

A veces siento que los seres humanos somos campeones para alegar por todo, lo peor es que nos amargamos la vida con estupideces como por la mina que se está sacando las cejas y le dan la luz verde y no parte, el idiota que dobla en segunda fila y nos tira el auto encima, el patudo que nos saca el carro en el supermercado, la vieja que cree que se puede saltar la fila, el cabro chico que hace pataleta y sus gritos son de unos decibeles dañinos para la salud. Que hace frio, que hace calor, que el mozo es el más lento de la historia…. Hay material para rato.

Ayer justamente era un día en que andaba alegando, tenía que ir a reunión de apoderados a las 5:00 de la tarde. Salí con tiempo y al dar la vuelta había un tremendo taco en Isabel la Católica. Ahí comencé a despotricar hasta que luego de un par de segundos mi cabeza se calmó y me puse a pensar en lo injusta que soy...

Había salido diciendo no quiero ir a esa reunión, que lata, me carga, etc, etc. Y en ese segundo en el auto pensé ¿Cuántos padres darían todo por cambiar conmigo solo un instante? Algo tan básico, común y molesto para mí y para muchos padres, sería un milagro o una maravilla para otros. ¿Cuántos padres darían lo que fuera para por un minuto poder participar de esos ritos que otros detestamos? ¿Cuántos padres podrían verme a los ojos y decirme qué mal agradecida eres?

¿De qué estoy hablando? De padres de niños con enfermedades crónicas o invalidantes que nunca van a poder ver a sus hijos en el primer día de clases, en los actos del colegio, que nunca van a ir a la feria de las pulgas, bingos o kermess, que nunca van a ir a reunión de curso a escuchar como todos alegan y nadie se pone de acuerdo. Padres que han perdido a sus hijos y no van a poder disfrutar de la lata de tratar de llegar a un acuerdo con el viaje de estudios, nunca los van a ver graduados, no los vieron crecer.

Recode todos esos niños que murieron durante mi práctica, niños que no habían comenzado a vivir (6, 7 años) otros exactamente de la edad de mi hijo.

Pensé en mi abuela que murió cuando mi mamá tenía 13 años, qué habrá pensado, qué habrá sentido al saber que estaba muriendo y no iba a estar más.  Pensé en lo frágil de la vida y lo cercana que esta la muerte aun cuando no lo notemos, porque si hay algo que nos creemos los seres humanos es inmortales.

Pensé en lo afortunada que soy de tenerlo. Y en ese instante, agradecí  ir a esa antes maldita, Bendita Reunión.



1 comentario:

  1. Paulina que profundo me parecio este post, por culpa del trabajo, de la rutina, de vivir tan rápido nos olvidamos de disfrutar las cosas simples. En mi caso es tan poco lo que paso con las niñas que trato de disfrutar ese poco tiempo estirandolo lo mas que puedo, supongo que lo aprendí de las situaciones "complicadas" que hemos pasado, valorando mas el estar juntos que preocupandome de que esté ordenado o de que esten sucias o de cosas que he notado en algunas mamás, que para mí no tienen importancia.
    Ayer el pediatra me decia que no importaba que aún no pronunciaran todas las letras o que no se supieran los colores que el tiempo pasa muy rápido y que ahora lo importante es disfrutar esta etapa que en un cerrar de ojos recordaré con nostalgia.
    Saludos!

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