Este post lo escribí hace un tiempo para el blog Mamá Terapeuta. Fue una forma de aportar al tema del autocuidado de las mujeres/madres de hijos con necesidades especiales y a todas aquellas que aún teniendo hijos "autovalentes" no se detienen a pensar en ellas y cada día actúan
desde el modo automático
ON.
Aprovecho de agradecer la oportunidad de haber hecho un pequeño aporte.
A propósito del post de autocuidado en el blog Mamá terapeuta, me di cuenta de lo poco que se habla, conoce y aplica este concepto en la vida cotidiana.
Por definición: “Actividades que el individuo realiza para procurar el mantenimiento de su bienestar y salud”. Y ahí esta el problema, me sorprendió que la mayoría de las mujeres no profundiza en estas dos conceptos y solo los asocia a cuidados físicos, es decir comer sano, hacer ejercicios y dormir, dejando de lado el aspecto psicológico o emocional que esto implica. Y lo peor de todo es que si nadie les pregunta que hacen por su autocuidado, nunca se lo hubiesen planteado. A todo esto se suma que tan solo la idea de hacer algo por o para si mismas genera una culpa tremenda e injustificada.
La mayoría de las mujeres al convertirnos en madres, nos olvidamos de todo y nos lanzamos en la (léase de corrido) incansabletareaincompatiblecontodaotraactividadapartedesermadredealguien, y esto seamos realistas, es en el mejor de los casos, varias aparte de esta labor trabajan fuera de la casa, entonces llegan agotadas y con culpa.
El tema también es que si con hijos 100% autovalentes la cosa es difícil, con un hijo que requiere atenciones especiales el panorama cambia aun más. No puedo ni imaginar cuanto tiempo requiere las miles de cosas que deben hacer a diario con sus hijos; pero se lo que significa ser mamá de tiempo completo.
Entonces ahora es cuando retomo lo del principio y les digo, es un deber encontrar una instancia para si mismas. Nadie esta diciendo que dejen su rol de madre o que dejen de darle todos los cuidados necesarios a sus hijos, pero quiero que tengan presente lo fundamental que es -aparte del cuidado por el cuerpo- el cuidado del equilibrio psíquico y emocional. Los seres humanos somos más que un cuerpo físico y al hablar de bienestar y salud no solo nos referimos a no tener enfermedades fisiológicas sino al equilibrio del cuerpo y la “psique”, inclusive abarca el ámbito social, eso es salud. ¿Qué creen que es mejor? Una No-súper mamá que entienda los limites de su fuerza, que no se sobre-exija y sea capaz de transmitir alegría o una que actúe como súper mamá tratando de abarcar mucho pero que sea una especie de zombie o mono a cuerda que funciones como autómata. Los niños con enfermedades cónicas o con discapacidad muchas veces se sienten como pesadas cargas para sus madres y aparte de llevar su pena, sus dudas y desafíos propios de cada condición, crecen y viven con culpa.
Muchas o todas van a decir yo disfruto cada momento con mi hijo, cada avance, cada logro es una alegría impagable y seria incapaz de reclamar, renegar de lo que hago o poner mala cara. No lo discuto, solo digo que para ser buena madre la clave no está en vivir para y por los hijos y menos a través de ellos, si no en aprender a conocerse, a quererse y a cuidarse. Estar lucida y en armonía, saber cuando es necesario parar.
En un mundo ideal, todas podríamos ir al gimnasio, al cine, a tomar un café con amigas, a vitrinear, a la peluquería, etc. Pero lo cierto es que muchas no disfrutan con estas actividades o a veces no existe una red de apoyo que lo permita, no hay una abuela, hermana o nana que las releve por un ratito, otras no hay siquiera un padre presente o asumido en su rol y las platas están destinadas a remedios y otras miles de cosas que necesitan los hijos. Entonces podrán decir que esa instancia de la que he hablado es irreal o es casi un insulto, una burla a su realidad. El autocuidado entonces más que entenderse como un acto forzado que nos desconecte, aleje y separe de todo lo demás que hacemos durante el día, debiera ser parte de nosotras, debiera ser algo mucho más sutil que una actividad concreta como las antes mencionadas, es más, no debería ser tan planeado o estructurado. Debería ser parte de nuestras vidas y estar presente en cada rol que desempeñamos. Solo bastaría con aprender a disfrutar de instantes que a veces se desvanecen entre los quehaceres y que pueden ser realmente terapéuticos ayudándonos a reconectarnos con otro papel distinto del de madre, como tomar una taza de té o café pero sentada y a la temperatura adecuada (no muy frío porque quedo para después de hacer una y mil cosas o muy caliente porque hay que tomarlo rápido antes de…), observar la naturaleza o escuchar el sonido de las hojas con el viento, tomar una ducha, ir al baño y tomarse el tiempo necesario, leer un libro, ojear una revista, escuchar la música que nos gusta, subir el volumen…cantar. Tomarle la mano a la pareja y ver la tv o conversar de todo o nada. Incluso cocinar puede ser entretenido si en vez de hacerlo como un tramite sintiendo que le están robando tiempo a su hijo/a lo/a incluyen dejándolo/a meter sus manos a la mezcla o tocar los ingredientes permitiendo también que conozca diferentes texturas.
Como ven para resolver el tema de ¿Qué hago como autocuidado? No se necesita tanto, la única misión es encontrar su pequeño momento, situación o instancia que le entregue bienestar sin necesidad de hacer grandes esfuerzos. No importa el qué, el cómo, el cuándo ni el dónde, lo importante es que te haga sentir feliz=saludable.
La próxima vez que les pregunten ¿Qué haces por tu autocuidado? Tal vez no podrán decir me arranco una vez a la semana a comer con amigas o con mi marido, voy al gimnasio o a la peluquería, pero si podrán responder: tomo conciencia de mis necesidades, de mis límites, de lo que me molesta y lo que me hace disfrutar.